domingo, 3 de agosto de 2014

CIBERACOSO: DESTRUYENDO PERSONAS CÓMODAMENTE SENTADOS DESDE CASA



Hace poco tuve la oportunidad de leer el libro "El maltrato psicológico", del psiquiatra González de Rivera. En él se habla del acoso laboral y moral, y de los perfiles psicológicos que suelen verse implicados en este tipo de crimen, por desgracia, cada vez más extendido. Tengo que admitir que actualmente se ha convertido en un tema muy interesante para mí, por haberlo sufrido personalmente, y que lo leí en apenas un par de noches, devorando cada párrafo con cara de déjà vu. Según el autor, la mente del acosador bebe de patologías narcisistas y paranoides, destacando la envidia como rasgo inamovible en todos los casos. El acosador sufre constantemente por el bien ajeno, y disfruta destruyéndolo. No puede hallar la paz de ningún otro modo y esto lo convierte en un ser desgraciado pero también muy peligroso. González de Rivera, menciona también como rasgos frecuentes la necesitad de control y la mediocridad. Define a esta última como la ausencia de interés, aprecio o aspiración a la excelencia, y a los sujetos que la padecen, como seres vacíos, autocomplacientes, fatuos y malvados, sin empatía ni límite moral que los frene en sus fechorías. Por último propone el concepto de trastorno por mediocridad inoperante activa, o síndrome MIA, caracterizado por un deseo enfermizo de notoriedad y de ser tenido en cuenta por los demás, lo que los lleva a trabajar durante días, semanas, o meses, sin descanso ni control, creando un gran volumen de trabajo que finalmente no sirve para nada.
     Esto me llevó a pensar en lo gris y terrible que debe ser la vida de semejantes personajes, siempre atacando, siempre tratando de anular al vecino con el césped más verde o el coche más bonito, rodeándose de amenazas imaginarias, odiándose a sí mismos por encima de todas las cosas, por no ser lo que desean ser, o por no conseguir lo que creen merecer por derecho divino. Porque el odio hacia uno mismo, he sido testigo de ello, se erige finalmente como el auténtico caballo de tiro de este depredador deshumanizado. Sus víctimas son en realidad un lienzo en blanco, donde pinta con mano demente su "pesadillario" personal; todos sus miedos; sus complejos, físicos y mentales; sus fracasos..., todo lo que evita ver en el espejo convenientemente sesgado de su conciencia. Una vez ha completado el cuadro, lo maltrata, regocijándose en el daño, y le prende fuego para reducirlo a cenizas. Así cree purgarse, asesinar su propio "Yo", del que se avergüenza en lo más profundo de su corazón.
     Pero volvamos al déjà vu, a ese rostro, el mío, que no pudo reflejar otra cosa más que sorpresa, al encontrar entre los aciertos del buen psiquiatra y los casos de ciberacoso que he tenido oportunidad de revisar, un conjunto de coincidencias que se repiten hasta la saciedad, independientemente del entorno cultural donde tengan lugar los ataques. Rumores, insultos de todo tipo, la divulgación de fotos o material privado, mails difamatorios al trabajo de la víctima o a su círculo social más intimo, parecen ser las técnicas más usadas, y lo son porque funcionan, porque es inquietantemente fácil marcar a una persona, mancillarla y hacerla parecer culpable a los ojos de los demás. Aislándola, estos sujetos consiguen amplificar el alcance del daño. Es también muy común que otras personas aprovechen los ataques del acosador y se unan a la "fiesta", contribuyendo así a la destrucción de la víctima. Normalmente este segundo grupo se mueve por antiguas rencillas, celos o simple maldad. A estas alturas, el daño infringido, y dependiendo de la fortaleza emocional de la persona, puede ser ya irreparable. Yo mismo he podido experimentar cómo los ataques de una persona que vive obsesionada conmigo y llena de odio, han podido calar en el estado de ánimo de mi familia y de las personas que más quiero. Salpicarme en el entorno profesional; en mi circulo amistoso, donde he comprobado qué personas merecen realmente la pena y cuales estaban de paso; en mi moral, que ha ido muriéndose poco a poco de puro asco. Que hablen de la vida sexual de uno, que te llamen asesino, violador, pederasta, ladrón, es sólo el principio. Como dijo un buen amigo mío: "hay formas más honorables y elegantes de descartar a un posible competidor", y tiene razón, las hay, pero hablar de elegancia y honorabilidad con ciertas personas es como hablar de física cuántica con un mejillón, tan difícil como convencerlas del daño que están haciendo y de que es momento de parar. Animadas por ese viejo gen paleto que empujaba a sus antepasados a cazar brujas, comunistas, a lapidar, linchar, o ahorcar homosexuales, no oirán tu petición, simple y llanamente porque te quieren muerto. Atrás quedan los casos de Amanda Todd o de Ryan Halligan, que acabaron quitándose la vida tras sufrir insultos y humillaciones de toda clase, atrás quedan los testimonios de cientos de personas que han sido marcadas por esta pandilla de indeseables, ahora todopoderosos tras la relativa seguridad que ofrece internet. ¿Y qué nos queda por delante? Espero que un cambio, pero mientras llega, sólo podemos combatir este veneno desde la vigilancia. No permitan jamás que les amedranten, no cedan terreno ante estos matones, ni toleren sus excesos contra otra persona. Actualmente, el código penal español ha recrudecido las condenas contra los delitos de calumnias e injurias. Piensen en esto y hagan cuentas:
    
     El delito de calumnia se castiga con multa de cuatro a diez meses. Si la calumnia es difundida con publicidad, es decir, por medio de imprenta, radio, internet o similar, la pena será de prisión, de 6 meses a 2 años, o multa de 6 a 24 meses. En estos casos, también será responsable civilmente la persona física o jurídica que ayudó a difundir la calumnia.
    
     Las injurias, es decir, los insultos que atentan contra la imagen de una persona y su dignidad de manera grave, se castigan con multa de 3 a 6 meses, y las hechas con publicidad, es decir, por medio de la imprenta, radio, internet o similar, con multa de 6 a 14 meses.
     El delito de amenazas tiene lugar cuando una persona anuncie o advierta a otra con causarle un daño a él, a su familia o a otras personas con las que esté íntimamente vinculado. El daño puede ser constitutivo de los delitos de homicidio, lesiones, aborto, torturas, contra la libertad, delitos contra la integridad moral, la libertad sexual, la intimidad, el honor, el patrimonio… etc. intimidando al amenazado y privándole de su propia tranquilidad y seguridad. Serán castigadas con la pena de prisión de uno a cinco años, si se hubiere hecho la amenaza exigiendo una cantidad o imponiendo cualquier otra condición, aunque no sea ilícita, y el culpable hubiere conseguido su propósito. De no conseguirlo, se impondrá la pena de prisión de seis meses a tres años. 

     Ya ven, no duden en denunciar. Por otro lado, podrán recibir ayuda de varias webs dedicadas a combatir el ciberacoso, como es el caso de PantallasAmigas (http://www.pantallasamigas.net/) y similares, y existen infinidad de libros disponibles que les ayudarán a comprender mucho mejor este fenómeno. Pero por encima de todo, no olviden jamás que tienen tanto derecho a existir como el que más, que su palabra y sus pensamientos tienen el mismo valor que los de cualquier otra persona, y que nadie, repito, nadie, tiene derecho a destruir la vida de otra persona porque sí. El día que todos entendamos esto, se celebrarán muchos menos juicios.



Rafael Lindem





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