lunes, 19 de mayo de 2014

TERRIBLE ESTROPICIO A MEDIANOCHE










Trescientos años pasó Pilón en el torreón del tiempo
Clavando las horas en la campana con su gran martillo
Fiel a su profesión hasta que blanquearon sus cabellos
Para entonces, ley de vida, el tañedor ya tenía sustituto, uno mucho más joven
Allá arriba dejó sus mejores años, colgados junto al badajo
Desde entonces se hizo común verlo vagar sin rumbo, martillo al hombro



Una tarde tropezó con Las doce tazas, noble familia de porcelana
La tristeza de Pilón era ya popular en Mundo Bujía y no la dejaron pasar
"Amigo Pilón, levanta ese ánimo", dijo una de ellas con su voz esmaltada
"Sí, ven con nosotras", siguieron las otras once, "hay Jengibre para cenar"
"Vamos, no lo pienses más", exclamaron todas, " antes de que anochezca"
Y allá que les siguió Pilón, hasta una gran tetera con puerta y ventanas



Comieron jengibre, pastel de cannabis, hablaron de alegrías y hasta recitaron en calé
No había cabida para la tristeza entre los muros curvilíneos de aquella tetera
Sonriente, Pilón observó a sus amigas, mientras éstas departían y bromeaban, olvidándose del tiempo
Pero se acercaba la medianoche, inexorable, y su mano, fatalmente entrenada, cayó sobre el martillo
Trescientos años había pasado en el torreón del tiempo, tañendo las horas
Trescientos años tocando la medianoche; martillo en mano, dejó de sonreír: doce tazas, doce campanadas, un terrible estropicio




Rafael Lindem




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