lunes, 15 de abril de 2013

LAS PLANICIES DE LA CEGUERA

 
 
 
Cuando aquel hombre erudito y de carácter empírico lo creyó todo dispuesto, dio inicio a lo que, pensaba, iba a ser su más célebre experimento. Los preparativos requirieron de un habitáculo sin ventanas, así como de una ausencia total de luz. Después, situándose él mismo en el centro del lugar, y desconociendo a propósito las distancias que le separaban de cada pared, echó a andar en una sola dirección, paso tras paso, hasta quedarse sin aliento y tener que parar de puro cansancio. El erudito pretendía demonstrar así la inversión proporcional entre nuestra capacidad de percibir el mundo y el tamaño de éste, algo que jamás nadie se atrevió a discutir tras su misteriosa desaparición en aquel habitáculo estrecho y oscuro.








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