lunes, 8 de abril de 2013

FIN, PRINCIPIO Y EL PODER DE LA LETRA PEQUEÑA


 
 
 
 

Pocas sorpresas y paradojas hay más grandes que ver el comienzo  de las cosas cuando éstas amenazan con terminar. Uno vive sus días del mejor modo que sabe, siguiendo el modus operandi de los que nos precedieron, y el dictado de un corazón que, en verdad, y por más llamativos que sean sus ropajes, poco nuevo tiene que añadir a una trama ya desgastada por el uso. Nos creemos protagonistas absolutos, heroicos, justos..., el ombligo de una ensaimada horneada como debe ser, a la altura de nuestra complacencia (y limitaciones). Pisamos fuerte, con miedo pero sin buscar otro modo de hacerlo. ¿Acaso vale la pena cambiar? Sólo hay un YO y no eres TÚ. El escenario cumple su función, el atrezo siempre está a mano, nuestros pies recorren cómodamente una alfombra plagada de convencionalismos y el guión es un viejo conocido. Es nuestra vida y creemos saberlo todo sobre ella. Y, sin embargo, somos conscientes de que se nos escapa algo. A menudo, esta letra pequeña se deja entrever en las situaciones más dispares: hormigas que regresan del otro mundo; basiliscos verdes corriendo sobre el agua; noches blancas; auroras boreales; ranas que caen del cielo; sentimientos salidos de la nada para regresar poco después a ella..., renglones apócrifos que suelen pasarnos desapercibidos la mayoría de las veces, mientras estamos enfrascados en la lectura de nuestro gastado y predecible panfleto o siguiendo las pautas del apuntador. Están en el agua, en la hierba, en la tierra, en las palabras, se mueven en nuestros pensamientos, en la mirada de la persona que tienes delante, son el soplo de aire que te arranca el sombrero y voltea tu paraguas, la improvisación, el tarambana que aparece de repente para romper la armonía de la obra y arruinar o salvar nuestro estreno perpetuo de ochenta y tantos años. Son el médico que, saltándose inesperadamente los textos que hemos ensayado hasta la saciedad, se quita las gafas, da un paso hacia delante y te dice: «Tienes cáncer. Tu vida acaba de comenzar». Sí, Pocas sorpresas y paradojas hay más grandes que ver el comienzo  de las cosas cuando éstas amenazan con terminar.


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