jueves, 18 de abril de 2013

BALCÓN SEGOVIANO




Sobre la baja España se alza un balcón,
amante de frías aguas, blasón del Guadarrama.
En su hueco entran mil sandalias, además de la romana,
mas  siempre queda espacio para asuntos del corazón.

 
Desde la plaza del Azoguejo a la mayor,
muy pasada la casa del de Alpuente,
tuve la vez de comprobar esta verdad sobre el amor,
y borré con nuevas memorias al adolescente.

 
Pues te encontré asomada a un balcón,
echado tu pelo negro a la tarde.
  En el balaustre, blancos dedos sin sortijón.
Tus ojos además quise ver, mas fui un cobarde.
 
 
Desde entonces ando entre comidas de río y judiones,
pisando la vieja piedra con el gesto feliz,
ya que por tu gracia, Señora, de Segovia no me quiero ir.
 
 

 
 

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